El futuro es el pasado


      ¿Marion? Tengo un secreto. Bueno, no es solo mío, te diré también. Tienes que saberlo.

      ¿Qué pasa?

      Prométeme que me creerás.

      Te creeré.

      Soy tu niña. Soy tu hija.

      ¿Entonces vienes del futuro?

      Vengo de ese camino detrás de ti.


Petite Maman (Pequeña Mamá) inicia con una despedida y termina con un saludo. En este, que es su más reciente trabajo, Céline Sciamma vuelve a usar como medio para dialogar con el espectador la estructura de la obra. No busca engañarnos, como suelen hacer otros directores más pretenciosos, sino acercarse a nosotrxs usando como recurso la sencillez. Se trata de una película corta (su duración es de una hora y doce minutos), que se desarrolla en dos escenarios y en el que se presentan a cinco personajes. Cuenta la historia de una niña de ocho años Nelly quien llega con su familia a desocupar la casa de su abuela recién fallecida.  En un bosque cercano a este lugar se encuentra con su madre cuando era una niña y tenía su misma edad Marion.

La estructura de la película nos habla de los ciclos, es decir, nos habla del tiempo y también de sus interconexiones. La despedida del inicio es entre Nelly y su abuela, y el saludo del final es entre Nelly y su madre. Tres mujeres de generaciones diferentes conectadas entre sí por una línea circular, en la que hace énfasis la directora. ¿Vienes del futuro?” Pregunta Marion y Nelly responde “Vengo de ese camino detrás de ti”. En la circularidad de este diálogo se esconde una idea potente que atraviesa todas las obras de Céline Sciamma: la igualdad. El futuro es también el pasado. Nelly se presenta como el futuro de Marion, pero en realidad viene de mucho antes. En algunas escenas nos muestran que fue nombrada Nelly en honor a su bisabuela, la abuela de Marion; que tiene la misma destreza de su abuela con los crucigramas y que disfruta, como su mamá cuando era niña, de la vida y el juego en el bosque. Nelly no es solo ella misma, sino, de alguna manera, también su madre, su abuela, su bisabuela y todas las mujeres que vinieron antes de ella.

Esa igualdad en sentido temporal dialoga con la igualdad en sentido político. Petite Maman existe desde la perspectiva de una niña de ocho años y, desde esa perspectiva, se disponen el ángulo de la cámara, los diálogos y la fantasía de la historia central (una niña que se encuentra con su madre de niña). Esta mirada de Nelly me conmovió. El amor por su padre, su madre, su nueva amiga, el bosque, el juego, es tan bello como su tristeza por la muerte de su abuela, y estas dos cosas, el amor y la tristeza, son experimentadas con una simplicidad y una ligereza infantil que apaciguan y reconfortan. 

Nelly demanda de los adultos la misma transparencia que da, pero recibe poco a cambio. Quiere recibir respuestas: quiere hablar sobre la muerte y el duelo, quiere saber por qué su madre está triste, quiere entender el mundo. “¿Te lastima estar aquí?” Le pregunta en una conversación a su madre, “Nunca hablamos de tu infancia” le dice a su padre en otra. Para entablar una relación igualitaria con sus padres, indaga por lo que tienen en común, que son sus infancias, sus miedos y sus vulnerabilidades. A pesar de que Nelly y sus padres se hacen las mismas preguntas, ella parece ser la única que está dispuesta a hablar sobre ellas. Viniendo del mismo origen, a Nelly y a Marion las separa la adultez.  

El saludo del final entre Nelly y Marion fue una reconciliación, ya no de Nelly con su madre, pues esa sucede antes, en la relación de las dos niñas, sino de Marion que, al encontrarse con su hija, se encuentra también con su propia niñez.


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