Reemplazar al padre

 


La relación víctima – victimario no es siempre, y no necesariamente, una relación entre dos personas. La potencia de ejercer violencia y la impotencia de recibirla a veces brotan de un mismo cuerpo, borrando de tajo la idea de que ambas posiciones solo pueden existir por separado. En Honey Boy esa conjunción es interesante: Shia Labeouf, guionista principal y protagonista, interpreta a su padre en una película autobiográfica que expone los abusos que sufrió de su parte. Dos años después de su estreno, FKA Twigs, ex pareja de Labeouf, nos revela en una nota del New York Times que él mismo es un abusador.

Honey Boy es una película masculina, aunque su directora sea una mujer. Solo los hombres tienen lugar en la historia: Otis (quien representa a Shia Labeouf, primero de niño y luego de adulto), su padre James, y Tom, el novio de su madre.  En la película se muestra a Tom, pero no a su madre, a quien solo escuchamos remotamente a través del teléfono en una o dos escenas. La otra mujer que aparece por momentos es una trabajadora sexual de la que Otis se enamora siendo apenas un niño, pero ésta no habla. De las dos mujeres, una no tiene imagen y la otra no tiene voz. Es claro, entonces, que se trata de una película sobre hombres, pero más precisamente, sobre padres.

Aparecen durante toda la película extractos sobre los procesos de rehabilitación de Otis y de James. Ambos se recuperan de adicciones a sustancias, violencia contra otras personas y comisión de delitos sexuales. Otis sufre del trastorno de estrés post traumático, a raíz de la evitación continua de recuerdos sobre su infancia. No son los recuerdos, nos dice su terapeuta, los que causan las conductas violentas de Otis: es su evitación.  De este modo, recordar resulta ser la única salida para sanar el trauma.  Estos recuerdos de Otis con su padre están todos atravesados por violencia y son difíciles de ver. En ellos nos muestra con crudeza cómo fue explotado, maltratado y empujado al límite. Resalta cómo este padre, que de oficio era payaso, se burlaba del tamaño de su pene, lo incitaba a vicios, lo agredía y no lo dejaba llorar en frente suyo. En su propio proceso de rehabilitación, James se presenta como un hombre que sufre profundamente a causa de una infancia tormentosa, y que escapa de su sufrimiento causando sufrimiento.

Mientras veía la película, pensaba en lo fascinante de que Shia Labeouf, en el desarrollo de un trabajo autobiográfico, haya elegido interpretar a su padre y no a él mismo; hace un rato decía que ésta es una película sobre padres, y no sobre padre e hijo como podría pensarse, y creo que ese hecho lo explica. El desenlace de esta película, que ocurre por fuera de la pantalla con los abusos de Labeouf, da cuenta de lo que parece ser un reemplazo de la figura del padre. La palabra reemplazo es ilustrativa porque nos puede sugerir dos cosas: por un lado, tomar relevo de alguien o de algo.  Por el otro, cambiar una cosa por otra distinta. En este caso, el reemplazo parece haber ocurrido en el primer sentido, dándole cabida únicamente a la repetición: la que ya vimos en James, siendo igual que sus padres, y que ahora vemos en Otis (Shia).  

Todas y todos quienes somos hijas e hijos, o sea todos los seres humanos, tenemos que encarar esta decisión, que es definitiva: elegimos reemplazar a nuestros padres tomando relevo de ellos mimos y asumiendo nosotrxs su figura (lo cual nos mantiene estáticos, atados a esa figura), o elegimos reemplazarlos cambiando su figura, la idea sobre ellxs en nuestra cabeza, por algo distinto.  Esta segunda posición, que es la del hijo, en donde logramos separarnos, implica un trabajo adicional, porque nos mantiene en una creación y un invento continuo de nosotros mismos. En la otra, la del relevo, parece haber una aceptación y atracción hacia lo que representa esa figura. En Honey Boy Shia Labeouf se descubre y nos muestra lo que no se atreven a admitir los abusadores: en el fondo se trata de relevar al padre para recibir la aprobación del padre.  


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